Choquequirao es un impresionante complejo arqueológico inca ubicado en la región de Cusco, al sur de Perú. Situado a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, en lo alto del cañón del río Apurímac, es considerado uno de los tesoros mejor conservados del Imperio Inca y, a menudo, comparado con Machu Picchu por su majestuosidad y valor histórico. A diferencia de otros destinos turísticos más accesibles, Choquequirao requiere una caminata de varios días para llegar, lo que lo convierte en una experiencia ideal para viajeros aventureros que buscan naturaleza, historia y tranquilidad lejos de las multitudes.

Para viajar desde México, es necesario tomar en cuenta lo siguiente:
¿Qué es Choquequirao y por qué es tan especial?
Conocida como la “hermana sagrada” de Machu Picchu, Choquequirao fue construida entre los siglos XV y XVI, durante el apogeo del Imperio Inca. Su nombre proviene del quechua: “Choque” (oro) y “K’iraw” (cuna), lo que se interpreta como “Cuna de Oro”. Más allá de su significado literal, este nombre refleja la importancia del sitio como centro ceremonial de gran relevancia y posiblemente como un enclave reservado para la élite incaica. Algunos historiadores sugieren que Choquequirao funcionaba como un refugio estratégico y espiritual, conectado por una compleja red de caminos con otros centros administrativos y religiosos del Imperio Inca.

Lo que hace a Choquequirao tan especial no es solo su arquitectura impresionante, con andenes, plazas y templos cuidadosamente alineados con el paisaje, sino la experiencia completa que ofrece el trekking. Desde el momento en que se inicia el descenso hacia el cañón del Apurímac, se siente la inmensidad de la naturaleza que rodea el sitio: el silencio absoluto de la montaña, el susurro del viento entre los andenes y la vista panorámica del cañón crean una atmósfera casi mágica.
¿Cómo llegar desde México?
Paso 1: Llegar desde México hasta Perú
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El viaje comienza con un vuelo internacional hacia Lima, capital del país y principal puerta de entrada para los viajeros internacionales. Desde ciudades como Ciudad de México, Cancún o Guadalajara, existen vuelos directos o con una escala, operados por aerolíneas como LATAM Airlines, Aeroméxico o Copa Airlines. El tiempo promedio de vuelo desde Ciudad de México es de aproximadamente 5 a 6 horas si es directo, aunque puede variar ligeramente según las condiciones climáticas y la ruta específica. Se recomienda reservar con anticipación, especialmente en temporada alta (de mayo a septiembre), cuando la demanda para visitar los Andes peruanos es mayor.

Una vez en Lima, el siguiente paso es tomar un vuelo nacional hacia Cusco, la antigua capital del Imperio Inca y actual punto de partida para la mayoría de las rutas hacia los principales sitios arqueológicos andinos. Este trayecto aéreo dura alrededor de 1 hora con 20 minutos y ofrece vistas espectaculares de la cordillera de los Andes en días despejados. Varias aerolíneas locales operan esta ruta con múltiples frecuencias diarias, lo que facilita la conexión incluso si el vuelo internacional llega por la mañana o al mediodía.

Es recomendable permanecer al menos uno o dos días en Cusco para aclimatarse a la altura (3,400 m s. n. m.) y evitar el mal de altura antes de iniciar el trekking.
Paso 2: Desde Cusco hasta el punto de partida del trekking
Desde Cusco, el siguiente tramo del viaje es por carretera hasta el pueblo de Cachora o directamente hasta el mirador de Capuliyoc, considerado el punto clásico de inicio para esta ruta de trekking. El trayecto dura entre 4 y 5 horas en transporte privado o en bus turístico organizado, dependiendo del estado de la carretera y de las paradas realizadas en el camino. Generalmente, las agencias incluyen este traslado dentro del paquete del tour, aunque también es posible contratar transporte por cuenta propia.

Durante el recorrido, el paisaje cambia gradualmente a medida que se abandona el entorno urbano de Cusco y se ingresa en zonas rurales de gran belleza escénica. Se atraviesan montañas cubiertas de vegetación, amplios valles andinos y pequeños pueblos tradicionales donde aún se conservan costumbres ancestrales. El contraste entre los campos agrícolas, las casas de adobe y las imponentes cumbres andinas ofrece una primera inmersión en la geografía y cultura de la región.
Al llegar a Capuliyoc, comienza oficialmente la caminata. Desde este punto se obtiene una vista panorámica espectacular del cañón del Cañón del Apurímac, uno de los más profundos de América. La vista inicial es impactante: un paisaje abrupto y majestuoso donde el río serpentea cientos de metros más abajo, marcando el inicio de una aventura que combina desafío físico y una conexión íntima con la naturaleza andina.
Paso 3: Trekking hacia Choquequirao
El sendero clásico sigue la ruta:
Cachora → Capuliyoc → Playa Rosalina → Marampata → Choquequirao
La distancia total aproximada es de 30 a 32 kilómetros solo de ida. Aunque en términos de kilometraje puede parecer moderada, el verdadero reto está en el desnivel. El recorrido comienza con un descenso pronunciado desde Capuliyoc hasta el río Río Apurímac, seguido por una exigente y prolongada subida hasta Marampata y finalmente hasta el complejo arqueológico. Esta combinación de bajadas intensas y ascensos prolongados convierte la ruta en una experiencia físicamente demandante, pero también profundamente gratificante.

Duración del trekking
4 días / 3 noches (ruta clásica): permite llegar a Choquequirao, explorarlo y regresar por el mismo camino.
5 días / 4 noches (ritmo más relajado): ideal para quienes desean caminar con mayor tranquilidad y disfrutar más tiempo en el sitio arqueológico.
8–9 días si se conecta con Machu Picchu en una travesía más extensa y desafiante, considerada una de las rutas más espectaculares de los Andes.
La caminata exige buena condición física, ya que cada día implica descensos y ascensos que pueden superar los 1,000 metros de desnivel. Por ello, es altamente recomendable entrenar previamente o contratar un tour organizado que incluya guía profesional, cocinero y mulas de apoyo para transportar el equipo pesado. Esto no solo mejora la experiencia, sino que también aporta seguridad y conocimiento histórico sobre la región.

A lo largo del camino se atraviesan diversos ecosistemas que cambian notablemente con la altitud: desde zonas áridas y cálidas en el fondo del cañón hasta bosques nubosos y áreas de selva de altura conforme se asciende. Esta diversidad ecológica permite observar fauna emblemática como el cóndor andino sobrevolando los cañones, colibríes de vivos colores y una gran variedad de flora autóctona, incluyendo orquídeas y bromelias. Cada jornada ofrece paisajes distintos, haciendo del trayecto una experiencia tan impresionante como el destino final.
Entre noviembre y abril es temporada de lluvias en la región andina. Aunque el entorno luce más verde y exuberante, el terreno puede volverse resbaloso y más exigente físicamente. Las precipitaciones intensas pueden dificultar algunos tramos del camino y aumentar el nivel de esfuerzo. Sin embargo, al haber menos visitantes, es posible disfrutar de una experiencia más tranquila y con mayor sensación de aislamiento.